Autor del artículo: Sol Corbalán, María Florencia Gigliotti
Ataque de pánico: entre la urgencia subjetiva y el síntoma social
Resumen: El fundamento de nuestro trabajo tiene como basamento poder interrogarnos, ante
la masividad de la demanda de consultas motivadas por la repentina aparición de angustia
masiva y pánico, sobre la pertinencia del discurso psicoanalítico en el dispositivo de guardia. Lo
diferencial de este recorte es que nuestro objeto de estudio es un servicio de guardia externa
de un hospital general de agudos de CABA que recibe pacientes pertenecientes a una población
en situación de emergencia social. Nos proponemos indagar,a partir de diversas viñetas clínicas,
el estar psicoanalista en la Salud Mental, que sigue la brújula de la singularidad del síntoma, en
el tiempo que nos toca vivir, sosteniendo el desafío de lo posible para mantener a raya la
impotencia. Respecto del eje que atravesará todo el escrito se incluye una pregunta: ¿no es
acaso el deseo del analista el operador que posibilita que quien está en posición de escucha,
pueda hacerse guardián de la realidad colectiva?
Palabras claves: ataques de pánico – quehacer del analista – urgencia subjetiva – síntoma
actual – guardia
Introducción: ¿un síntoma actual?
La sintomatología sobre la que nos proponemos reflexionar en este trabajo lejos está de
ser un emergente novedoso. Más bien, encontramos antecedentes de descripciones
fenomenológicas del cuadro ya en un temprano Freud (1895) que intentó ubicar las diferencias
entre la neurastenia y un síndrome que él denominó, con su característica avidez clínica,
neurosis de angustia. Dentro de esta última presentación, él sitúa el ataque de angustia como
aquel que “puede irrumpir de pronto en la conciencia, sin ser evocado por el decurso de las
representaciones” (p. 94). Este, plantea Freud, puede consistir únicamente en el sentimiento de
angustia, o puede estar acompañado también a la interpretación de dicho sentimiento, que
puede ser la aniquilación de la vida, la idea de estar sufriendo de un síncope o, incluso, de estar
volviéndose loco. El ataque de angustia, nos explica Freud, puede manifestarse con alteraciones
de la actividad cardiaca, perturbaciones en la respiración, oleadas de sudor, temblores e,
incluso, vértigo. Como vemos, esta descripción rigurosa es casi idéntica a la numeración de
síntomas que ofrece hoy el DSM V cuando detalla acerca del episodio de pánico.
Nos interrogamos, entonces, ¿qué hay de nuevo en esta presentación?, ¿qué es lo que
diferencia el ataque de angustia de 1894 de aquel que recibimos hoy en las guardias de salud
mental? En principio, podemos decir, su proliferación masiva en la población que atendemos,
no solo en este dispositivo, sino en cualquiera destinado a trabajar con problemáticas de salud
mental. Según la OMS (2023), se calcula que al menos un 4% de la población mundial padece de
trastornos de ansiedad (dentro de los cuales encontramos los ataques de pánico), siendo estos
los que alcanzan la mayor prevalencia actualmente.
En este sentido, el evidente aumento en la proliferación de este cuadro puede encontrar
su fundamento en las particularidades de la época a la que asistimos. Una época, podemos
decir, signada por el avance de la ciencia, la globalización y las nuevas formas de relación a los
gadgets tecnológicos. A su vez, parándonos desde nuestro punto de referencia, situamos el
problema en un tiempo en el cual lo público está siendo lacerado por el abandono político y la
proliferación burocrática. Tiempo en el cual la glorificación de la exhibición pública del poder,
del individualismo, del nihilismo conviven con sus productos: la inestabilidad económica,
laboral, habitacional, identitaria y vincular.
Como consecuencia pesquisamos en la clínica, como plantea Oscar Quiroga (2016), un
sujeto contemporáneo que se ve cada vez más despojado de las palabras que permiten habitar
su experiencia, y que se encuentra habitado por tipos de goce que se alojan en el campo más
degradado de la soledad. La práctica en el hospital nos arroja directamente bajo estas
coordenadas, y es en este sentido que nos preguntamos ¿qué hacer desde el psicoanálisis ante
el malestar contemporáneo?
Viñeta 1:
Laura, de 27 años, llega a la guardia acompañada de su pareja. Refiere que previamente a su
llegada al hospital estaba viajando en colectivo cuando, súbitamente, empezó a tener síntomas
de malestar físico. “Sentía que me ahogaba y tenía medio de que me pase algo, no me podía
calmar”. Interrogándola sobre el inicio de estos episodios, la paciente menciona que hace
aproximadamente 6 meses comenzó a tener la sensación de que le faltaba el aire, acompañada
de taquicardia, sudoración y miedo a morirse. Para ella, como para el resto de los pacientes que
presentan esta sintomatología, no tiene ningún sentido lo que le está pasando: hasta este
momento, nunca antes había necesitado consultar con un psicólogo, mucho menos concurrir a
una guardia. Se le pregunta, entonces, si en estos últimos 6 meses algo había ocurrido en su
vida, en su rutina diaria, que pudiera generarle más estrés del habitual. Frente a esta pregunta,
despliega que le pasaron muchas cosas: se encuentra endeudada debido a la complicada
situación económica actual, razón por la cual debió volver a vivir con su madre hace algunos
meses. Relatado esto se le consulta por la convivencia con su madre: la paciente, entonces,
frunce el ceño y explica que nunca se llevó bien con su madre, que es una mujer difícil y que en
su nueva casa se siente ahogada. Cuando se le consulta por el resto de su red familiar, sitúa de
forma contundente que en su familia no se habla de nada. Se le devuelve, entonces, que quizás
sus síntomas están vinculados a las coordenadas vitales que relata, y que parece serle necesario
un espacio de terapia para hablar, justamente, de aquello de lo que no se habla.
Viñeta 2:
Juan tiene 38 años y es llevado a la guardia por presentar, a mitad de su jornada laboral,
un episodio de abrupta falta de aire, vértigo con mareos, parestesia en miembros superiores,
taquicardia/alteración de la actividad cardíaca que se acompaña de intensa sensación de
despersonalización y miedo a morir. Durante la entrevista, cuando se lo invita a hablar al
respecto, su relato es entrecortado, insiste que no entiende por qué le pasa esto. Indagando un
poco más sobre las coordenadas de aparición de este episodio, relata que le sucedió mientras
se trasladaba a su nuevo trabajo, ya que, como consecuencia de una reestructuración laboral,
debe mudarse de un empleo a otro. Asimismo, su cotidianeidad se ve afectada por su dificultad
para poder tramitar la reciente separación de su pareja, con la consecuente reconfiguración de
la familia. Describe cuán difícil fue mudarse para volver a vivir con su padre con quien refiere
escaso vínculo y que, aunque ya no convive con sus hijos desde hace unas semanas, intenta
pasar tiempo con ellos al volver del trabajo hasta que llega la noche, momento en el que entra
rápidamente en un estado de angustia y tristeza. Manifiesta que, aunque tiene amigos, no le
gusta hablar sobre lo que le pasa. Se recorta el significante mudanza y se interviene destacando
que ante determinadas contingencias hay algo con lo que no puede pero responde con
síntomas en el cuerpo, y eso es algo de lo que habrá que hablar en un espacio terapéutico.
El ataque de pánico como urgencia subjetiva y la intervención en la guardia
Siguiendo estas viñetas, podemos plantear que ambos pacientes acuden a la guardia
debido a que ha ocurrido una ruptura de la homeostasis, del equilibrio en el que su vida
transcurría (Sotelo, I., 2007). La situación de urgencia se desencadena, entonces, cuando el
sujeto se encuentra ante la imposibilidad de dar algún sentido a un encuentro con lo real, para
el cual no alcanzan las referencias simbólicas o imaginarias construidas hasta el momento
(Sassaroli, S., 2009). A este respecto, podemos situar el ataque de angustia como caso
paradigmático de la urgencia, en el punto en el que este emerge agujereando la escena en la
que el sujeto se venía sosteniendo (San Miguel, T., 2009).
Ahora bien, la pregunta que se desprende de esto es cómo intervenimos frente a una
fenomenología que aparenta presentarse por fuera del orden simbólico. Proponemos pensar,
en esta línea, los tiempos que Sotelo (2015) retoma de Lacan para explicar la lógica de la
urgencia. La autora sitúa, en primer instancia, el instante de ver como aquel ligado a un
no-tiempo, impersonal, no subjetivo. No-tiempo en el que, podemos decir, llegan los pacientes
mencionados: las manifestaciones corporales irrumpen en su vida propiciando episodios en los
que predomina la extrañeza, la desubjetivación y el sin-sentido. Continuando con esta lógica, el
tiempo para comprender sería aquel que orienta la intervención del analista. Este último
supone un momento de elaboración, que propicia la existencia de un saber no sabido, es decir,
que supone la introducción al inconsciente.
La intervención de la analista, en ambos casos presentados, apunta a la inserción de
una pausa que agujeree el sin-tiempo de la urgencia y produzca un espacio que permita que el
paciente se reinserte en el orden de la palabra. Es decir, invitamos al afectado a producir un
relato en el cual podamos pescar un decir en el cual el sujeto esté concernido. Intentamos, por
lo tanto, localizar las coordenadas en las que la angustia emerge para anudarla a un sentido
subjetivo, singular.
En la institución hospitalaria, habitada por el discurso Amo, el psicoanalista ofrece a
quien consulta la posibilidad de hablar de su sufrimiento, un lugar en donde pueda alojarse
respecto de lo que le pasa. Desde una lectura lacaniana lo que nos orienta es el sujeto, no la
evaluación clínica de la observación que nomina a quien padece según la clasificación
sintomática de los manuales de diagnóstico. La presencia del analista en este dispositivo
institucional permite el pasaje del “para todos” a lo particular de cada uno, al caso por caso,
recuperando la palabra singular del consultante, que resiste y excede toda clasificación.
En este sentido, los casos recién expuestos son un buen testimonio clínico de cómo, allí
donde predomina la corrosividad del discurso capitalista, que tritura las subjetividades y
pulveriza los lazos sociales, tal como plantea Ulloa (2001) “el caso es poder estar analista
cuando es pertinente hacerlo” (p. 238). Frente al desamparo, no se trata de ser analista como
guardián de la realidad colectiva (Miller, 2005), interviniendo desde un matiz paternalista para
alojar a aquellos caídos del sistema, para que la cosa marche. Sino que el analista, si está
advertido de que no opera por fuera de su época, puede salir de la indiferencia proporcionando
ante la urgencia un margen de libertad, una pausa que permita un momento de ternura en el
comprender.
Algunas conclusiones
En nuestra práctica cotidiana, nos encontramos con consultantes que acuden por la
irrupción de lo real del cuerpo, vivido como desborde, con serias dificultades para hacer pasar
el padecimiento por la vía del significante.
Al empuje del discurso dominante que rechaza el consentimiento con el otro, que
propone el aislamiento y la soledad como soluciones precarias, oponemos el deseo del analista
como operador en la escucha, desde una posición ética que sea capaz de involucrar la
responsabilidad del sujeto en la subjetivación de la urgencia.
Donde habita la rigidez de lo áspero, estar analista es sostener la apuesta a la palabra
como vía posible para tratar el sufrimiento subjetivo, que algo de la institución de la ternura
(Ulloa, 1995) pueda ser restablecido en el encuentro con un analista que pondrá su cuerpo
como soporte de un decir.
Bibliografía
-Freud, S., (1895) Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado
síndrome en calidad de neurosis de angustia. En Obras Completas, Vol. III. Buenos Aires, 2013.
Amorrortu Editores.
– Miller, J-A. (2005) Una Fantasía. En Revista lacaniana de psicoanálisis, número 3: Curar
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https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/anxiety-disorders
-Sassaroli, S. (2009) Tiempo y urgencia-psicoanálisis-aplicado-deseo del analista. En I.
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Ediciones.
-San Miguel, T. (2009) Angustia y urgencia. En I. Sotelo (Comp.), Perspectivas de la Clínica
de la Urgencia (págs. 55-62). Buenos Aires. Grama Ediciones.
-Sotelo, M. I. (2007) El sujeto en la urgencia institucional. En I. Sotelo, Clínica de la
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-Sotelo, I. (2015) DATUS. Dispositivo Analítico para el tratamiento de Urgencias
Subjetivas. Buenos Aires. Grama Ediciones.
– Ulloa, F. (1995) Novela clínica psicoanalítica. Historial de una práctica. Buenos Aires,
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– Ulloa, F. (2001) Testimonio de Fernando Ulloa. En Alvarez Cantoni de Tausk, S. y Tumas,
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-Ventura, O. (2016) Las redes sociales y la clínica. Revista Consecuencias, Vol. 17:
https://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/017/template.php?file=arts/Derivaciones/Las
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