Autor del artículo: Alejandra Soler
La naturaleza nos acerca a nosotros mismos. Somos naturaleza, el tener experiencias en la naturaleza nos recuerda de qué estamos hechos al contactar con sus elementos a través de nuestros sentidos: tierra, agua, aire, fuego. Nos conecta con el misterio de la vida, con los ciclos de vida y muerte. Nos permite conocer sus leyes, nos da información que permite un desarrollo neuronal más completo y amplio, ayuda a nuestro desarrollo anímico y cognitivo.
Nos trae la fluidez del agua, la calma. Nos da la firmeza de la tierra, la confianza de sabernos sostenidos. Los pasos firmes que damos en ella. Nos trae la liviandad del aire que viaja, lo que comunica con sus sonidos el viento que lleva de un lugar a otro, que trae vuelo. Nos recuerda en esos fueguitos que podemos encendernos, iluminarnos, transmutarnos.
El conectar y acercarnos a la naturaleza esta siempre presente en mi trabajo como terapeuta, así como festejar y hacer presentes los cambios de estación.
Acompañar y celebrar las estaciones del año nos permite conectarnos internamente con procesos vitales, con los ritmos naturales de la vida, con los propios ritmos, dejando a la sabiduría interna hacer su trabajo. Compartir en círculo con otros estos festejos y en comunidad, con nuestros hijos, en familia, nos brinda un sentido de pertenencia y nos trae la alegría de la celebración y de prepararnos para los cambios de estación externamente, e internamente para los cambios de la vida, las transiciones, darle lugar a esos procesos y poder respetar los tiempos y ser observadores de las transformaciones.
Contactar con la naturaleza está al alcance de todos, cualquier persona puede aunque sea en un pequeño patio volver a mirar el cielo, o de camino al trabajo por la calle, observar las nubes, las formas de las hojas y su caída en otoño por ejemplo. Recolectar semillas con los niños, jugar con caracolas sintiendo su textura. Escuchar el sonido del agua que corre en una acequia, escuchar los pájaros. Actos que nos traen a estar presenten y registrarnos en ese presenten, con atención plena. Además de contactar con los diversos aspectos internos que nos despierta la naturaleza. En cada observación se nos puede presentar el universo.