Notas críticas sobre la tensión…

Autor del artículo: Ps. Hernán Pannone

Notas críticas sobre la tensión epistemológica entre psiquiatría y psicoanálisis.

El problema de la relación entre psiquiatría y psicoanálisis no es meramente técnico ni corporativo. Es, ante todo, epistemológico y ético. No se trata de decidir si el fármaco ayuda o no ayuda, sino de interrogar qué tipo de saber se pone en juego cuando se medica y qué tipo de sujeto queda producido a partir de ese acto.
Psiquiatría y psicoanálisis no construyen el mismo objeto. La psiquiatría organiza su campo alrededor del trastorno: un conjunto de signos y síntomas clasificables, comparables y tratables según regularidades generales. Su referencia es el cuerpo-organismo, pensado como sistema susceptible de regulación. El psicoanálisis, en cambio, no se orienta por el trastorno sino por el sujeto del inconsciente: un sujeto dividido, efecto del lenguaje, irreductible a la causalidad biológica.
Esta diferencia no es de enfoque sino de estatuto del saber. Mientras la psiquiatría se inscribe en una lógica nomotética, el psicoanálisis trabaja con la singularidad irrepetible de cada historia. No se trata de dos lecturas de un mismo fenómeno, sino de dos objetos parcialmente inconmensurables.
El punto de mayor tensión aparece en el acto de la prescripción. Cuando se introduce un fármaco, irrumpe lo real del cuerpo biológico y se reconfigura el campo clínico. El fármaco no solo alivia o silencia un síntoma: redefine retroactivamente su estatuto. Aquello que podía leerse como formación del inconsciente pasa a ser tratado como disfunción a corregir.
Prescribir implica responder allí donde el análisis intenta sostener una pregunta. No todo lo que calma cura, y no todo lo que alivia escucha. El riesgo no es solo técnico, sino epistemológico: la sustitución de una causalidad simbólica por una causalidad química que cierra el sentido.
La dificultad se vuelve mayor cuando el mismo profesional ocupa simultáneamente el lugar de psiquiatra y de analista. Esta doble posición no produce una síntesis, sino una confusión de discursos. El paciente ya no sabe desde qué lugar se le habla: si se lo escucha o se lo corrige, si se le devuelve una pregunta o se le indica una respuesta. La transferencia, lejos de sostenerse, queda capturada por el discurso médico, que tiende a cerrar allí donde el análisis se funda en no cerrar.
En este punto, la derivación adquiere un valor ético central. Derivar no es renunciar al acto analítico, sino preservarlo. Permite reconocer que hay momentos en los que el sufrimiento desborda la palabra y exige una intervención sobre lo real del cuerpo, sin por ello colonizar el espacio de la escucha. La derivación distingue lo que corresponde a una urgencia estructural de aquello que responde a la propia dificultad del analista frente al padecimiento del otro.
¿Son compatibles psiquiatría y psicoanálisis? No en un mismo acto. Pueden, sin embargo, articularse en una misma cura, siempre que se mantenga la diferencia de discursos.

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