Romero y Juan Pablo II: el encuentro de 1979

«El encuentro en el Vaticano (1979)»

Autor del artículo: Ps. Hernán Pannone

Romero viaja a Roma buscando respaldo.
Lo que se sabe por testimonios y documentos es que el encuentro fue respetuoso, pero tenso:
Romero expone la situación salvadoreña: persecución, masacres, complicidad estatal.
Pide apoyo explícito del Vaticano frente a la represión.
Juan Pablo II escucha, pero responde desde otra preocupación:
Le advierte sobre el riesgo de politización de la Iglesia.
Le pide prudencia
Insiste en mantener la unidad eclesial. Romero hablaba desde el sufrimiento concreto de su pueblo.
El Papa respondía desde una estrategia global de la Iglesia en la Guerra Fría.
No conozco si hay registro de un respaldo claro y contundente en ese momento.

Dejá de buscar solo: te ayudamos hoy

Contanos qué te está pasando y te recomendamos gratis un psicólogo adecuado para vos —online o presencial— en menos de 24 horas hábiles. La recomendación no tiene costo y no te compromete a nada.

Pedí tu recomendación gratis →

Romero regresa a El Salvador y radicaliza aún más su posición:
Denuncia públicamente al ejército.
Llama a los soldados a desobedecer órdenes injustas.
El 24 de marzo de 1980, es asesinado mientras celebra misa.

Entre el altar y la geopolítica.
La relación entre Romero y Juan Pablo II condensa una tensión estructural dentro de la Iglesia católica: la distancia entre una institución global y las experiencias locales atravesadas por la violencia.
Romero no elabora una teoría. No escribe tratados. Su pensamiento emerge de la experiencia directa con el sufrimiento. Su palabra no es abstracta: está anclada en cuerpos concretos, en muertos concretos. Por eso su discurso se vuelve peligroso. No media, no traduce, no suaviza. Nombra.
Juan Pablo II, en cambio, encarna otra escala. Su mirada no está situada en una parroquia ni en una diócesis, sino en el mapa del mundo. Viene de una Polonia donde el comunismo es vivido como opresión. Desde allí, interpreta América Latina bajo una clave que prioriza el riesgo ideológico antes que la singularidad de cada conflicto.
El encuentro entre ambos no es simplemente un desacuerdo: es un cruce de racionalidades.
Romero introduce una ética de la urgencia: cuando la vida está en juego, la neutralidad es complicidad.
Juan Pablo II sostiene una lógica de institución: cuando la Iglesia se politiza, pierde su lugar universal. Ambos hablan de la dignidad humana, pero no desde el mismo lugar.
El problema es que la historia no espera síntesis. Mientras Roma pide prudencia, en El Salvador se mata. Mientras la institución busca equilibrio, el territorio exige toma de posición.

Romero elige.
Y al elegir, rompe con el lugar tradicional asignado al clero como mediador neutral. Su palabra deja de administrar consuelo y pasa a denunciar estructuras. En ese movimiento, se vuelve intolerable para el poder.
Su asesinato no es un exceso: es una respuesta.
Pero también deja expuesta una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando una institución que predica la defensa de la vida no logra —o no quiere, o no puede— acompañar plenamente a quienes la defienden en condiciones extremas?
Con el tiempo, la figura de Romero será reconocida. Incluso será canonizado por la Iglesia. Pero ese reconocimiento tardío no borra la tensión original.

La historia entre Romero y Juan Pablo II no es la de un conflicto personal.
Es la de una fractura más profunda:
entre una fe que se vuelve denuncia
y una institución que teme las consecuencias de esa denuncia. Reconocimiento y canonización.

El gesto más fuerte de Francisco fue destrabar y completar el proceso que durante años había estado frenado:
En 2015, el Vaticano reconoce que Romero fue asesinado “por odio a la fe” (mártir)
En 2018, Francisco lo declara santo.
Esto no es solo religioso:
es también una lectura política de la historia.
Implica reconocer que su compromiso con los pobres y su denuncia no eran “desviaciones”, sino parte del Evangelio.

Francisco introduce un giro respecto a etapas anteriores:
Revaloriza la Iglesia latinoamericana y su opción por los pobres.
Baja el nivel de confrontación con la Teología de la Liberación (sin adoptarla totalmente, pero legitimando muchas de sus intuiciones)
Pone el foco en:
desigualdad
exclusión
violencia social.
En ese marco, Romero deja de ser una figura incómoda y pasa a ser emblema.

Con Juan Pablo II, primaba la preocupación por el marxismo.
Con Francisco, aparece con más fuerza la preocupación por la injusticia social concreta.
No es que uno “tenía razón” y el otro no.
Son distintos contextos históricos y prioridades.

Francisco hace algo interesante:
no rompe con la institución, pero reinterpreta su pasado.
Al canonizar a Romero:
legitima una forma de intervención religiosa en lo social,
reconoce que la denuncia puede ser parte de la fe y, en cierto modo, repara una ambigüedad histórica de la Iglesia.
Pero también:
lo hace a posteriori, cuando el conflicto ya no está activo
cuando Romero ya no es peligroso en términos políticos inmediatos.
Es decir:
la institución puede integrar aquello que antes desbordaba,
una vez que ese desborde ya no amenaza directamente el orden.

Escrito basado e inspirado en Eduardo Galeano, de su libro Espejos: una historia casi universal.

Dos miradas frente a la figura de Romero

Aspecto Juan Pablo II Francisco
Preocupación central Riesgo de politización de la Iglesia y avance del marxismo Injusticia social y violencia concreta contra los pueblos
Postura ante la Teología de la Liberación Confrontación y cautela Menor confrontación, legitima parte de sus intuiciones
Actitud hacia Romero Pide prudencia y unidad eclesial Destraba el proceso y lo declara mártir y santo
Momento histórico del reconocimiento No hay respaldo explícito documentado 2015 (mártir) y 2018 (canonización)

Preguntas frecuentes

¿Qué se sabe del encuentro entre Romero y Juan Pablo II en 1979?

Romero expuso la persecución y las masacres en El Salvador pidiendo respaldo, pero el Papa respondió pidiéndole prudencia y unidad eclesial, sin un apoyo explícito conocido.

¿Por qué Juan Pablo II priorizaba la prudencia por sobre el respaldo directo a Romero?

Porque interpretaba América Latina desde su experiencia en Polonia frente al comunismo, priorizando el riesgo ideológico global antes que la urgencia local de cada conflicto.

¿Qué relación hay entre la radicalización de Romero y su asesinato?

Al volver a El Salvador, Romero denunció al ejército y llamó a desobedecer órdenes injustas; fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba misa.

¿En qué consiste el ‘cruce de racionalidades’ entre Romero y el Papa?

Romero sostenía que ante vidas en juego la neutralidad es complicidad, mientras Juan Pablo II defendía que la politización le hace perder a la Iglesia su lugar universal.

¿Qué cambió con Francisco respecto al legado de Romero?

Francisco destrabó el proceso, reconoció en 2015 que fue asesinado por odio a la fe y en 2018 lo canonizó, revalorizando la opción por los pobres.

Conclusión

La historia entre Romero y Juan Pablo II no cuenta un simple desacuerdo personal, sino una fractura entre una fe encarnada en el sufrimiento concreto y una institución preocupada por su equilibrio global. Esa distancia dejó a Romero sin el respaldo explícito que buscaba, mientras el territorio exigía tomar posición inmediata. Con el tiempo, y ya sin el conflicto activo, la Iglesia pudo integrar aquello que antes le resultaba incómodo. La canonización de Romero repara en parte esa ambigüedad histórica, aunque no borra la tensión original entre el altar y la geopolítica.

Conocé más sobre Hernán Pannone, quien escribió este artículo, en su ficha profesional.

Preguntas que respondieron nuestros psicólogos

Ver todas las preguntas

Seguí leyendo

¿Buscás psicólogo en Argentina? Te recomendamos uno gratis

Completá el formulario y te conectamos con un profesional matriculado, según lo que necesitás. Sin costo.

Solo te falta un paso

Contanos qué te está pasando y te recomendamos el psicólogo adecuado

💡
Con «online o presencial» conseguís psicólogo mucho más rápido.
⚠️
Solo te van a ver psicólogos de tu zona y puede demorar. Con «online o presencial» multiplicás tus chances.
¿Cómo pensás encarar la atención? *

Elegí una opción para conectarte con el profesional indicado

La atención psicológica no es gratuita. Los honorarios serán pactados directamente con el profesional interviniente.

Scroll al inicio