El león y la escena del poder…

Autor del artículo: Ps. Hernán Pannone

En una lámina del Children’s Apperception Test aparece un león sentado en un sillón, pensativo, con bastón, como un patriarca cansado. En ese test, las figuras animales funcionan como soportes de proyección: el niño cuenta historias y, sin saberlo, habla de la autoridad, del miedo, de la agresividad, del padre. El león, rey de los animales, suele condensar la figura del poder: fuerza, dominio, ley. Pero en la lámina algo lo humaniza. El león no ruge: piensa. El poder aparece allí atravesado por una pausa, por una interioridad, por la pregunta.
La imagen política contemporánea invierte esa escena. En la iconografía asociada, el presidente aparece literalmente con cabeza de león. La metáfora ya no es metáfora: el hombre se funde con el animal. La figura no representa el poder: lo encarna. El león ya no es un significante que permite narrar una relación con la autoridad; es una identificación imaginaria que pretende abolir la distancia entre el sujeto y el símbolo.

El psicoanálisis enseña que el poder necesita mediaciones simbólicas —la ley, la palabra, la institución— para no recaer en la pura fuerza. Cuando la política adopta la figura del animal soberano, convoca algo más arcaico: el fantasma del padre primordial, el jefe de la horda que gobierna por potencia y no por mediación. El rugido sustituye al discurso. Vistas juntas, las dos imágenes componen una pequeña parábola clínica. El león del test invita a hablar del poder; el león político pretende ser el poder. En la distancia entre pensar el león y devenir león se juega, quizá, la diferencia entre la autoridad que se simboliza y la que se imagina absoluta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio