Control en la pareja: cuando el amor se vuelve prisión

Prisionero en pareja

A menudo me llaman mujeres con la intención de solicitar una cita para su pareja: novio, marido o amante. Alegan que él es muy neurótico y necesita ayuda urgente. Sin embargo, al hacerles algunas preguntas, no tarda en salir a la luz que el supuesto paciente desconoce por completo que le están concertando su primera visita, o que todo es parte de un ultimátum impuesto por ellas mismas.

Son muchas las personas que controlan a su pareja en numerosos aspectos de su vida: el trabajo, las relaciones familiares, los amigos, las aficiones. Esto se traduce en interrogatorios constantes, lamentos, registros a escondidas de las pertenencias, fisgoneo en agendas telefónicas o correos electrónicos, e incluso espionaje a través de perfiles falsos en redes sociales. Estos «detectives» desconfiados y compulsivos sólo alcanzarían cierta tranquilidad si lograran el dominio absoluto sobre su pareja, algo que no sólo es imposible, sino también profundamente patológico.

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¿Por qué sucede esto?
Detrás de estas conductas de supervigilancia no se encuentra el amor, sino profundas inseguridades, carencias afectivas de la infancia, omnipotencias narcisistas, dependencias emocionales extremas, envidias secretas e incluso ansias inconscientes de infidelidad. Como en todas las parejas conflictivas, lo que está en juego es la interacción de dos neurosis complementarias: una que domina y otra que se somete. Son dos personas atrapadas en una prisión emocional muy dolorosa de la que no saben o no quieren salir.

La solución no está en cerrar los ojos y culpar únicamente al otro. Tampoco en obligar a nadie a hacer terapias sin su voluntad. La única salida real es que ambos se den cuenta del papel que juegan en la construcción de esa prisión neurótica. Sólo así podrán encontrar formas de crecer, madurar y establecer relaciones mucho más sanas y equilibradas.

Conductas de supervigilancia y qué esconden según el artículo

Conducta observable Qué revela según el artículo
Interrogatorios constantes y lamentos Inseguridad y desconfianza compulsiva
Registro a escondidas de pertenencias Carencias afectivas de la infancia
Fisgoneo en agendas y correos electrónicos Dependencia emocional extrema
Espionaje con perfiles falsos en redes sociales Omnipotencia narcisista y envidias secretas
Búsqueda de dominio absoluto sobre el otro Ansias inconscientes de infidelidad propia

Preguntas frecuentes

¿Es una señal de amor que la pareja quiera controlar todo lo que hago?

No, según el artículo detrás de esas conductas hay inseguridades, carencias afectivas y dependencia emocional, no amor genuino.

¿Sirve de algo pedir un turno de psicólogo como ultimátum para la pareja?

El artículo señala que muchas consultas surgen así, pero advierte que obligar a alguien a hacer terapia sin su voluntad no es la solución.

¿Qué tipo de conductas de control describe el artículo en las parejas?

Interrogatorios constantes, registro a escondidas de pertenencias, fisgoneo en agendas o correos y espionaje mediante perfiles falsos en redes.

¿Por qué se habla de ‘dos neurosis complementarias’ en estas parejas?

Porque el artículo plantea que uno domina y otro se somete, y ambos quedan atrapados juntos en la misma dinámica dolorosa.

¿Cuál es la salida real que propone el artículo frente a este tipo de vínculo?

Que ambos miembros de la pareja reconozcan el papel que juegan en construir esa dinámica, en vez de culpar solo al otro.

Conclusión

El artículo deja claro que el control excesivo en la pareja no nace del amor sino de heridas propias que cada uno arrastra. Domina y se somete, pero ambos quedan atrapados en la misma prisión emocional. Culpar al otro o forzar una terapia no resuelve nada mientras no haya un reconocimiento genuino del propio papel en esa dinámica. Solo desde ahí, dice el texto, se puede empezar a construir vínculos más sanos y equilibrados.

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