
Durante un ataque de pánico conviene buscar un lugar tranquilo, sentarte, aflojar la respiración (inhalar en cuatro tiempos, exhalar en seis) y recordarte que el episodio va a pasar en minutos. Si es el primer episodio, hay dolor de pecho intenso, dificultad real para respirar o pérdida de conocimiento, hay que descartar una urgencia médica.
Un ataque de pánico puede aparecer de golpe, sin aviso, y en pocos minutos hacerte sentir que algo grave está pasando en tu cuerpo. El corazón se acelera, falta el aire, tiemblan las manos, y por un rato parece que se pierde el control por completo. No es raro terminar en una guardia pensando que es un infarto y salir con el diagnóstico de crisis de ansiedad.
Este artículo está pensado para el momento exacto en que estás atravesando uno, o para cuando alguien cerca tuyo lo está pasando. Vamos a repasar qué hacer durante la crisis, cómo usar la respiración para bajar la intensidad, qué cosas conviene evitar y, sobre todo, cómo diferenciar un ataque de pánico de una urgencia médica que sí necesita atención inmediata.
También vamos a hablar de qué hacer después, cuando el episodio ya pasó pero el miedo a que vuelva se instala. Ahí es donde suele empezar la consulta con un profesional, y te vamos a contar cómo dar ese paso.
¿Qué es un ataque de pánico?
Un ataque de pánico es un episodio de miedo o malestar intenso que aparece de forma brusca y alcanza su punto máximo en pocos minutos. El cuerpo entra en modo alarma como si hubiera un peligro real, aunque no lo haya. Por eso los síntomas son físicos y muy concretos: taquicardia, falta de aire, sudoración, temblores, mareo, sensación de ahogo, opresión en el pecho, hormigueo y, muchas veces, la idea de que uno se está muriendo o va a perder el control.
Lo característico del ataque de pánico es que tiene un pico y después baja. No se queda en el mismo nivel de intensidad para siempre. Aunque en el momento parezca eterno, la mayoría de los episodios llegan a su punto más alto y empiezan a ceder en poco tiempo. Saber esto, aunque suene simple, ayuda: el cuerpo no está fallando, está reaccionando de más.
¿Qué hacer durante un ataque de pánico?
Lo primero es buscar, si se puede, un lugar donde sentarte. No hace falta salir corriendo ni buscar aire libre a toda costa: alcanza con encontrar un sitio donde puedas quedarte quieto un momento. Apoyar la espalda contra algo firme, apoyar los pies en el piso, ayuda a que el cuerpo tenga una referencia de sostén.
Después, nombrar lo que está pasando ayuda a bajar un poco la alarma: decirte a vos mismo (o que alguien te lo diga) algo como
¿Cómo diferenciar un ataque de pánico de una urgencia médica?
Esta es la pregunta que más angustia genera en pleno episodio: ¿esto es pánico o me está por pasar algo grave? La verdad es que, en el momento, es difícil estar seguro. El ataque de pánico puede sentirse exactamente igual que un problema cardíaco, y por eso no está mal pedir ayuda médica si es la primera vez que te pasa o si tenés dudas.
Hay algunas pistas que pueden orientar, aunque no reemplazan una evaluación médica. El ataque de pánico suele llegar a su pico en pocos minutos y después empieza a bajar solo, aunque no hagas nada. Una urgencia cardíaca, en cambio, tiende a mantenerse o empeorar con el tiempo, y muchas veces se acompaña de dolor que se extiende al brazo, la mandíbula o la espalda, sudor frío intenso o desmayo real. Si tenés antecedentes cardíacos, si el dolor de pecho es muy intenso y no cede, o si perdés el conocimiento, no lo pienses: consultá una guardia. Si ya te diagnosticaron ataques de pánico antes y reconocés el patrón, es más probable que se trate de eso, pero la angustia de no saber es parte del cuadro y es válida.
| Señal | Más probable en un ataque de pánico | Requiere atención médica urgente |
|---|---|---|
| Tiempo de evolución | Pico en minutos, después empieza a bajar | Se mantiene igual o empeora con el paso del tiempo |
| Dolor de pecho | Opresión difusa, sin foco claro | Dolor localizado que se extiende a brazo, espalda o mandíbula |
| Conciencia | Mareo, sensación de irrealidad, pero conectado con el entorno | Pérdida de conocimiento o confusión marcada |
| Antecedentes | Ya tuviste episodios similares diagnosticados como pánico | Primera vez, o tenés factores de riesgo cardiovascular |
| Ante la duda | Podés intentar técnicas de respiración y observar si baja | Consultá una guardia sin esperar a ver si pasa |
¿Qué técnicas de respiración ayudan a cortar la crisis?
La respiración es la herramienta más a mano que tenés, porque no depende de nada externo. Durante un ataque de pánico, el cuerpo suele entrar en hiperventilación: respirás rápido y superficial, y eso empeora síntomas como el hormigueo o el mareo. Trabajar la respiración no elimina el miedo de un plumazo, pero le da al cuerpo una señal de que no hay peligro real.
Una técnica simple es contar mientras respirás: inspirar contando hasta cuatro, sostener el aire dos segundos, y exhalar contando hasta seis. La exhalación más larga que la inspiración es la clave, porque activa la parte del sistema nervioso que frena la alarma. No hace falta que te salga perfecto ni que cuentes con precisión matemática: la idea es ir más lento y prestar atención a algo concreto en vez de a los pensamientos catastróficos.
Otra opción es respirar con una mano en el pecho y otra en el abdomen, tratando de que se mueva más la de abajo. Esto ayuda a salir de la respiración corta y torácica típica del pánico. Practicar estas técnicas en momentos de calma, cuando no estás en crisis, hace que después te resulten más fáciles de recordar y aplicar cuando más las necesitás.
¿Qué hacer después de que pasó el ataque?
Cuando la crisis empieza a bajar, es común sentirse agotado, con vergüenza o con miedo a que vuelva a pasar. Date un rato antes de volver a tu actividad. Tomá agua, sentate en un lugar tranquilo, y evitá la tentación de analizar en caliente todo lo que pasó o de buscar en internet síntomas graves: eso suele alimentar más ansiedad, no menos.
Anotar cuándo ocurrió, qué estabas haciendo y qué pensamientos aparecieron puede ser útil más adelante, si decidís consultar. No para diagnosticarte vos mismo, sino para llevarle información concreta a un profesional. Si los ataques se repiten, si te empezás a organizar la vida para evitar lugares o situaciones por miedo a que vuelva a pasar, o si el miedo al próximo ataque ya es un problema en sí mismo, esas son señales claras de que conviene pedir ayuda. Podés revisar estas 10 señales de que es momento de pedir ayuda para ver si se aplican a tu situación.
¿Quién puede ayudarte a prevenir nuevos ataques?
El abordaje psicológico es la herramienta más estudiada para trabajar los ataques de pánico a mediano y largo plazo. En particular, la terapia cognitivo conductual ayuda a entender qué dispara los episodios, a modificar la relación con las sensaciones físicas del miedo y a ir recuperando terreno en las situaciones que empezaste a evitar. No se trata de «pensar positivo», sino de un trabajo concreto con técnicas y seguimiento.
Si nunca fuiste a terapia y no sabés qué esperar, podés leer cómo es una primera sesión con un psicólogo para llegar con menos incertidumbre. Y si te preguntás por qué el cuerpo reacciona con tanta intensidad aunque el corazón esté bien, esta respuesta de un psicólogo sobre ataques de pánico y miedo por el corazón puede darte una explicación clara. También es común que el pánico venga acompañado de un fondo de ansiedad más permanente; si te pasa, esta consulta real sobre ansiedad permanente, insomnio e irritabilidad puede resultarte familiar.
Si es la primera vez que atravesás algo así y no sabés por dónde empezar a buscar ayuda profesional, podés explorar el directorio de psicólogos por provincia y localidad o ver directamente los perfiles de psicólogos matriculados disponibles.
Este es un tema sensible y queremos ser claros: si en algún momento el malestar es muy intenso, si sentís que no podés más o si te preocupa tu seguridad o la de alguien cercano, hay líneas de ayuda gratuitas y disponibles todo el tiempo. No hace falta esperar a estar en crisis para llamar. · 135 (Ciudad y Gran Buenos Aires) o 0800-345-1435 desde todo el país — Centro de Asistencia al Suicida, gratis. · 0800-999-0091 — urgencias de salud mental, las 24 horas, todos los días.
Preguntas frecuentes
¿Un ataque de pánico puede durar varias horas?
El pico de síntomas intensos suele durar entre diez y veinte minutos. Si la sensación de malestar se extiende más, puede tratarse de ansiedad sostenida después del pico, no del ataque en sí mismo.
¿Es peligroso para el corazón tener ataques de pánico seguidos?
El ataque de pánico en sí no daña el corazón de una persona sin problemas cardíacos previos, aunque se sienta así. De todos modos, si tenés dudas o antecedentes, una consulta médica siempre es válida para descartar otras causas.
¿Sirve tomar algo para cortar el ataque en el momento?
Cualquier medicación debe ser indicada y controlada por un médico. No es algo para autogestionar sin supervisión, incluso si en algún momento te la recetaron para otra situación.
¿Los ataques de pánico se curan con terapia?
Muchas personas logran reducir mucho la frecuencia e intensidad de los episodios, o dejar de tenerlos, con un trabajo terapéutico sostenido. Los resultados varían según cada persona y su situación particular.
¿Qué hago si veo a alguien teniendo un ataque de pánico?
Quedate cerca, hablale con voz calma y pausada, y ayudalo a enfocar la respiración con vos, marcando un ritmo lento. Evitá minimizar lo que siente o decirle que se calme de forma brusca.
Conclusión
Un ataque de pánico es una experiencia intensa, pero no estás obligado a atravesarla solo ni a esperar que se repita para pedir ayuda. Saber qué hacer en el momento —respirar, anclarte al entorno, darte tiempo— es un primer paso. El siguiente puede ser entender por qué te está pasando y qué herramientas existen para que deje de manejar tu vida. Si sentís que es momento de dar ese paso, te invitamos a completar el formulario que encontrás debajo de esta nota para que podamos ayudarte a encontrar un profesional acorde a lo que necesitás.
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