Emprender un análisis: descubrir la propia verdad

Emprender un análisis: la tarea de descubrir la propia verdad

Autor del artículo: María Belén Sotnik

Cuando una persona comienza un tratamiento psicoanalítico es bastante frecuente escuchar comentarios como este:

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“Yo tengo una prima que iba a un psicólogo que se enfocaba directamente en el problema que llevaba en ese momento. No hablaban de su infancia ni de su familia”.

Esta observación permite introducir una diferencia importante entre distintas formas de abordar el malestar psíquico. Desde el psicoanálisis se parte de la idea de que nuestras elecciones, nuestras relaciones y muchas de nuestras dificultades actuales tienen raíces en nuestra historia.

Esa historia comienza incluso antes de nacer.

Antes de nacer ya somos esperados

Antes de que lleguemos al mundo, alguien ya nos imaginó.
Pensó cómo seríamos, qué nombre llevaríamos, qué cosas nos gustarían o qué esperaban de nosotros.

Luego llega la infancia, un período especialmente sensible desde el punto de vista psíquico. Durante esos años incorporamos gran parte de lo que nos enseñan y de los significados que nos transmiten las personas encargadas de nuestra crianza.

Esos primeros vínculos suelen dejar huellas profundas que influyen en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás a lo largo de toda la vida.

El camino hasta decidir consultar

Cuando alguien decide consultar a un psicólogo, rara vez lo hace de manera impulsiva. Generalmente existe un largo recorrido previo.

Muchas personas pasan por distintas etapas antes de animarse a pedir un turno:
investigan sobre diferentes profesionales, preguntan a conocidos, leen sobre distintas orientaciones terapéuticas o buscan referencias.

Incluso cuando finalmente llaman para solicitar una consulta, pueden aparecer nuevos obstáculos.

A veces es el aspecto económico.
Otras veces la persona pide turno… y no asiste.

En psicoanálisis a esto se lo conoce como resistencia, y es algo muy frecuente. Enfrentarse con lo propio suele ser mucho más difícil que analizar los problemas ajenos.

¿Qué hace realmente un psicoanalista?

La tarea del análisis consiste en ofrecer un espacio donde el paciente pueda escucharse a sí mismo.

El analista funciona como una especie de pantalla en blanco que permite que la persona despliegue su propio discurso. En este sentido, lo más importante no es la opinión del profesional, sino lo que el propio paciente pueda descubrir acerca de sí mismo.

El psicoanalista no está allí para tomar decisiones por el paciente ni para decirle cómo vivir su vida. Su función es acompañar, orientar y ayudar a que la persona comprenda qué le ocurre y por qué.

La expectativa de soluciones rápidas

Con frecuencia aparece una frase como esta:

“Yo hice terapia durante dos años y el psicólogo no me solucionó nada”.

Detrás de este planteo suele haber una expectativa muy extendida: que el profesional resuelva el problema o tome decisiones por la persona.

Sin embargo, una de las primeras cuestiones que suelen trabajarse en el análisis es justamente lo contrario. A veces es necesario transmitir algunas “malas noticias”:
• La mejoría dependerá, en gran medida, del propio paciente.
• Las decisiones sobre la vida personal siempre serán responsabilidad suya.
• No es posible determinar desde el comienzo cuánto durará un tratamiento.
• Las sesiones no necesariamente tienen una duración fija.

El inconsciente —concepto central desarrollado por Sigmund Freud— no funciona según el reloj ni los tiempos de la vida cotidiana.

El poder de la palabra

Muchas personas experimentan un alivio significativo incluso desde las primeras sesiones.

Esto ocurre porque hablar tiene un efecto terapéutico. Poner en palabras aquello que nos ocurre permite comenzar a darle forma y sentido.

La palabra puede ser profundamente reparadora. Del mismo modo que existe una palabra que hiere o destruye, también existe una palabra que permite elaborar y transformar.

Sin embargo, es importante no confundir este alivio inicial con una solución definitiva.

Cuando un síntoma se instala durante mucho tiempo en la vida de una persona, suele ser necesario interrogarlo, comprender qué función cumple y por qué apareció.

El síntoma también tiene un sentido

Ignorar lo que nos ocurre no hace que desaparezca.

Sucede algo parecido a lo que ocurre cuando alguien recibe un diagnóstico médico grave y decide ignorarlo: el problema no se detiene por el hecho de no mirarlo.

En muchas ocasiones el cuerpo termina expresando lo que no se puede decir con palabras.

Freud lo formuló de manera muy clara:
lo que no se dice, muchas veces se actúa.

Por eso, detrás de cada síntoma suele haber algo que necesita ser comprendido.

Un ejemplo posible

Imaginemos a un joven cuya familia soñó desde siempre con que fuera futbolista. Desde pequeño lo llevaron a entrenar, le compraron botines y camisetas, y alimentaron ese proyecto.

Cuando finalmente llega la oportunidad de jugar en un club importante, aparece un problema inesperado: una parálisis en la pierna derecha. Los estudios médicos no logran encontrar una causa.

Si ese joven inicia un tratamiento psicoanalítico, el trabajo consistirá en intentar darle un sentido a ese síntoma.

Tal vez, en algún momento del proceso, pueda decir algo como:

“Yo nunca quise jugar al fútbol. Siempre quise estudiar diseño gráfico, pero desde chico me dijeron que el fútbol era lo mío”.

Comprender el origen de lo que nos ocurre es el primer paso para decidir qué hacer con eso.

Descubrir la verdad propia

El análisis apunta justamente a ese punto: descubrir la verdad que habita en cada sujeto.

Por ejemplo, una persona puede darse cuenta de que repite fracasos en sus relaciones amorosas porque teme comprometerse profundamente.

En ese momento no solo comprende lo que le sucede, sino que también reconoce su propia participación en aquello que se repite.

Ese reconocimiento implica asumir responsabilidad sobre la propia vida.

El deseo como motor

Otra situación frecuente ocurre cuando un paciente consulta porque debe tomar una decisión importante.

A veces pregunta directamente:

“¿Usted qué haría en mi lugar?”

Sin embargo, la pregunta que interesa en el análisis es otra:

¿Qué quiere usted?

El objetivo no es indicar el camino correcto, sino ayudar a que la persona se conecte con su propio deseo.

El tiempo en el análisis

Muchas personas se preocupan por la duración del tratamiento.

Sin embargo, el inconsciente no responde a una lógica cronológica. Un hecho ocurrido en la infancia puede tener efectos muchos años después.

Por eso, en el psiquismo las causas no prescriben.

Freud observaba algo interesante en relación con los sueños: a veces soñamos con la muerte de un ser querido y nos angustiamos profundamente. Sin embargo, ese sueño puede tener relación con sentimientos hostiles que aparecieron en la infancia y que quedaron reprimidos.

El inconsciente no distingue entre pasado y presente.

Tomar el timón de la propia vida

El proceso analítico muchas veces implica revisar identificaciones, mandatos familiares y frases que nos marcaron cuando éramos pequeños.

Una palabra dicha a un niño puede tener un peso enorme.

Si a un niño se le repite constantemente que es un inútil, es posible que crezca creyendo profundamente en esa idea.

Pero el análisis permite cuestionar esos significantes y correrse de los lugares que otros ocuparon para nosotros.

Aquí aparece una pregunta muy importante formulada por Jean-Paul Sartre:

¿Qué hacemos con lo que hicieron de nosotros?

El deseo nos mantiene vivos

Cuando una persona pierde el deseo, pierde también la posibilidad de proyectarse hacia el futuro.

En casos de depresión profunda, por ejemplo, puede aparecer una sensación de vacío total donde nada parece tener sentido.

Desear, en cambio, nos mantiene en movimiento.

No se trata de esperar que “el universo conceda nuestros deseos”, sino de reconocer aquello que queremos y trabajar para alcanzarlo.

Entre la vida y la muerte: los proyectos

Los seres humanos somos conscientes de nuestra finitud. Sabemos que algún día moriremos.

Pero justamente por eso necesitamos proyectos, metas y deseos que nos permitan construir un futuro.

Cuando alguien dice “el año que viene me recibo”, está colocando un proyecto entre su vida y la muerte.

Y eso, en términos psíquicos, tiene una enorme importancia.

El verdadero trabajo del análisis

En definitiva, el trabajo analítico no consiste en que alguien nos diga qué hacer con nuestra vida.

Consiste en algo más profundo: descubrir quiénes somos, qué deseamos y qué lugar queremos ocupar en nuestra propia historia.

Ese proceso puede ser incómodo, incluso doloroso en algunos momentos. Pero también es profundamente transformador.

Porque descubrir la propia verdad muchas veces implica salir de lugares en los que permanecimos durante años.

Y aunque no siempre sea fácil, también abre la posibilidad de construir una vida más auténtica.

Expectativas frecuentes vs. lo que plantea el psicoanálisis

Expectativa frecuente Lo que plantea el psicoanálisis
El profesional resuelve el problema La mejoría depende en gran medida del propio paciente
El profesional indica qué decisión tomar El trabajo apunta a que la persona se conecte con su propio deseo
El tratamiento tiene una duración fija y previsible El inconsciente no responde a una lógica cronológica
Las sesiones duran siempre lo mismo Las sesiones no necesariamente tienen una duración fija

Preguntas frecuentes

¿Por qué un psicoanalista no dice qué decisión tomar?

Porque su función no es indicar el camino correcto sino ayudar a que la persona se conecte con su propio deseo y asuma sus decisiones.

¿Qué es la resistencia de la que habla el artículo?

Es la dificultad frecuente para sostener la consulta: pedir turno y no ir, o postergarla, porque enfrentarse con lo propio resulta muy difícil.

¿Por qué no se puede saber de antemano cuánto durará un análisis?

Porque el inconsciente no funciona según el reloj: un hecho de la infancia puede tener efectos muchos años después, sin lógica cronológica.

¿Qué función cumple un síntoma según el texto?

El síntoma expresa algo que no pudo decirse con palabras; ignorarlo no lo hace desaparecer, por eso el análisis busca interrogarlo y comprenderlo.

¿Por qué el deseo es tan importante en el proceso analítico?

Porque desear nos mantiene en movimiento y nos permite proyectarnos hacia el futuro; perder el deseo implica perder esa posibilidad.

Conclusión

El artículo invita a correr la mirada de la idea de que un profesional resuelve la vida de otro. El análisis, tal como lo plantea la autora, es un camino para escuchar la propia historia, entender el sentido de lo que nos pasa y animarse a preguntar qué queremos, más allá de lo que otros esperaron de nosotros. Ese recorrido no promete respuestas rápidas ni definitivas, pero abre la posibilidad de tomar un lugar más activo frente a la propia vida.

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Conocé más sobre María Belén Sotnik, quien escribió este artículo, en su ficha profesional.

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